¿PORQUE SE NOS HACE DIFICIL APRENDER LAS MATEMATICAS?

Aunque es común decir que las matemáticas son”el coco” de la mayoría de los estudiantes, últimamente se han divulgado resultados parciales de distintos estudios sobre el problema de la enseñanza de las matemáticas en escuelas de educación básica alrededor del mundo. Con cifras, porcentajes y cuadros comparativos diagnostican: que es una de las materias que cuenta con el menor nivel de comprensión y popularidad.

¿Son las matemáticas, por sí mismas, incomprensibles para el común de los mortales? ¿Algunas personas estarían mejor dotadas que otras para comprenderlas, como sugiere la teoría de las inteligencias múltiples? ¿Se puede hacer algo desde los métodos de enseñanza para hacerlas accesibles a los niños?

A esta última conclusión han llegado algunos maestros de escuelas primarias indígenas. Por un lado observan que ellos mismos, a veces, no entienden los ejercicios de los libros de texto, pues tratan sobre temas muy alejados a la realidad rural en la que se desarrollan; por otro, que si ya de por sí es difícil comunicar algo que no esta del todo claro, la labor resulta prácticamente imposible si el alumno está aburrido; finalmente, que la peor manera de intentar despertarle el interés es obligarlo a que aprenda de memoria, pues saben que la enseñanza mecánica, de cualquier cosa, conlleva dificultades para su cabal conocimiento y utilización en las cuestiones de la vida.

Para superar estas dificultades piensan que la clave está en que el aprendizaje sea un poco como los seres humanos fuimos haciendo e inventando las matemáticas a lo largo de la historia; es decir resolviendo situaciones problemáticas armados, para empezar, tan sólo con la curiosidad del raciocinio.

Su idea parte de que todos tenemos que resolver diariamente infinidad de problemas empleando el pensamiento matemático sin darnos cuenta: cómo gastar el dinero de la semana para que rinda lo necesario; cómo calcular el tiempo para llegar puntuales a un lugar; cómo repartirse los beneficios de un trabajo común; o cómo construir cualquier cosa que pueda estar en donde la queremos sin que quede chica o grande, frágil o pesada. Lo que éstas y otras situaciones tienen en común, es que las abordamos de la misma manera: reconociendo que estamos ante un problema de cálculo y elaborando un plan mental para resolverlo.

Si, además, se ha demostrado que aprendemos mejor cuando nos estimulan a buscar soluciones para los asuntos que nos inquietan y tienen que ver con lo que vivimos, ¿por qué no llevar tal método a las aulas?

Así, por ejemplo, el profesor Pablo Salvador se inspiró en una celebración importante de la comunidad en la que trabaja para plantear un problema matemático. Como cada 30 de noviembre se hace ahí una gran fiesta en honor a San Andrés, se le ocurrió pedir a sus alumnos de sexto grado que hicieran los cálculos para organizarla como les gustaría. Su objetivo, más que premiar al mejor presupuesto o encontrar una respuesta determinada, era provocar varias estrategias de solución al interior de los equipos de trabajo, con las que después se enriquecería el grupo entero.

Durante dos semanas, con una hora diaria de asesoría por parte del maestro para ayudar a desarrollar las estrategias según las inquietudes, los alumnos fueron entendiendo dimensiones tangibles (gramos, kilos, toneladas, etcétera) a partir del cálculo de lo que cada asistente consumiría y el costo total del evento. Para agregar un elemento más de interés, les pidió una propuesta de decoración de la plaza a partir de una maqueta.

Presentado el problema y la indicación de que discutieran entre todos las dificultades que pudieran surgir conforme avanzara el proyecto, los equipos se dividieron el trabajo de investigación para desarrollar sus planes mentales de solución (las famosas estrategias): uno averiguó qué se necesitaba para preparar la barbacoa, otro el precio de los ingredientes, otro cuántas personas habían venido a la fiesta del año pasado, otro cuánto papel se necesitaría para adornar la iglesia, otro el tiempo que se llevaría picarlo y colgarlo en guirnaldas, otro qué iban a necesitar para que hubiera banda de música, otro fue a medir a zancadas el espacio de la plaza para saber cuántas personas podían estar ahí cómodamente… y así fueron sacando cifras.

Sin darse apenas cuenta, los muchachos aprendieron a calcular el costo de productos por unidad en tanto volumen, a deducir fracciones ante circunstancias de reparto y otras minucias de organización. Al final del ejercicio cada equipo expuso su experiencia y así se hizo común el aprendizaje tanto de aciertos como de errores. Lo que se busca con esta metodología en la educación primaria indígena es atacar las dificultades de la enseñanza por diferentes frentes: que los alumnos se interesen en el proceso desde lo que ya conocen y no desde lo que les falta, que analicen un problema por sus propios medios antes de aprender la fórmula que lo resuelve, que aprehendan la lógica interna de cada rama de las matemáticas cuando son aplicadas a las cosas que suceden en su entorno cotidiano.

El reto de este método es diseñar ejercicios que no sean tan difíciles como para que no los puedan resolver desde sus capacidades, ni tan sencillos que no logren interesarlos hacia la construcción de nuevos conocimientos. Lo difícil, como siempre, es la justa medida: es no subestimar ni sobrevalorar el proceso de conocimiento en el que se encuentran los niños más allá de lo que han aprendido en la escuela. Es encontrar la solución a problemas cotidianos en su casa mientras ven a sus padres trabajar, mientras juegan, mientras crecen

Y es que a diario estamos expuestos a experiencias y aprendizajes

Saber en qué situación están en su comunidad y qué calidad de conocimiento exigen para mejorarla, proporciona ideas para crear y adaptar materiales a las clases, para que los niños le encuentren sentido a la materia.

Lo único que hay que procurar es:

·         Plantearles ejercicios a la medida de sus circunstancias.

·         Estimular que utilicen estrategias propias para resolverlos.

·         Valorar sus procedimientos de cálculo más que su exactitud.

·         Permitirles reconocer por sí mismos los errores.

·         Ayudarlos a confiar en su potencial ante los problemas.

·         Descubrir el diálogo como vía de solución conjunta.

·         Enfrentarlos a dilemas matemáticos aun antes de que sepan las fórmulas u operaciones preestablecidas para el caso y recordar que las matemáticas, más que meras operaciones aritméticas, constituyen una forma de pensamiento abstracto que aplicamos a diario en nuestras vidas aunque no nos demos cuenta.

Texto libre basado en el video La enseñanza de las matemáticas. Curso introductorio para aspirantes a profesores de primaria de escuelas indígenas bilingües, (investigación realizada por César Ramírez). SEP-ILCE 1999.

 

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